Nunca fuimos modernos
LA CIUDAD

En los últimos años, las entidades encargadas de la protección y preservación del patrimonio local han emprendido una carrera por establecer una legislación que permita identificar, seleccionar, inventariar y finalmente proteger los bienes de la arquitectura moderna de la ciudad de Quito. Con este objetivo, el Colegio de Arquitectos de Pichincha, el Instituto Metropolitano de Patrimonio y el Instituto Nacional de Patrimonio Cultural se han articulado para la elaboración de estudios que permitan desarrollar una ficha de valoración de los bienes edificados modernos.

La comprensión de la arquitectura moderna local se ha sustentado históricamente en un pensamiento eurocentrista que ha dominado, durante décadas, la enseñanza de la Historia de la Arquitectura en las universidades locales. Si bien los estudios sobre la arquitectura moderna de Quito han aumentado en los últimos años, estos no han logrado trascender de manera efectiva hacia las entidades de control, las cuales buscan una legislación que permita proteger los 125 bienes preseleccionados como representativos de la modernidad quiteña. Con el fin de alcanzar esta regulación, las instancias gubernamentales han adoptado la ficha de DoCoMoMo Internacional como base para la elaboración del instrumento de valoración destinado a la protección de estos edificios.

Si aceptamos la premisa de Bruno Latour (2007), quien sostiene que “nunca fuimos modernos”, al afirmar que el pensamiento moderno parte de la idea errónea de que el ser humano puede controlar la naturaleza, se cuestiona así la noción de una separación entre hombre y naturaleza. Esta crítica desmonta la pretensión de una normalización cultural universal que busca establecer códigos estéticos comunes, independientemente de la geografía. Desde esta perspectiva, resulta pertinente oponerse a la premisa de Jürgen Habermas (1997), quien entiende la modernidad como un fenómeno que transformó el comportamiento humano de manera global e irreversible.

Por su parte, Bolívar Echeverría (2001) sostiene que la modernidad constituye un conjunto de comportamientos que transformaron la forma en que la humanidad percibe el mundo, orientándola hacia aquello que Baudelaire definía como lo eterno e inmutable. No obstante, puede afirmarse que, aunque estos cambios de comportamiento se produjeron a escala global, se manifestaron inevitablemente con particularidades determinadas por la geografía en la que se asentaron. En este sentido, Echeverría explica que toda manifestación cultural se define por las condiciones específicas de su contexto: geografía, clima, alimentación, tradiciones locales y, de manera fundamental, su forma de producción.

Siendo la arquitectura una de las manifestaciones culturales más complejas de cualquier sociedad, su expresión se encuentra necesariamente vinculada a las formas locales de producción, lo que se refleja en su materialidad, espacialidad y escala. En esta línea, Kenneth Frampton (2014) desarrolla el concepto de regionalismo crítico, el cual introduce a partir de una cita de Paul Ricoeur, en la que se señala que la universalización del pensamiento moderno resultó en un proceso destructivo para las culturas tradicionales.

La búsqueda de protección de los bienes de la modernidad local ha derivado en intensos debates en torno a ciertos edificios preseleccionados que actualmente se encuentran en situación de vulnerabilidad. El caso del Hotel Quito ha generado una fuerte controversia, dando lugar a acciones legales entre la comunidad, la municipalidad —a través del Instituto Metropolitano de Patrimonio y la Secretaría de Hábitat y Ordenamiento Territorial—, las instituciones nacionales responsables de la salvaguarda patrimonial y la empresa propietaria del inmueble. Según diversos expertos, este edificio representa valores modernos locales que pondrían en relevancia la historia de la arquitectura y del paisaje quiteño.

No obstante, la empresa propietaria defiende su derecho a invertir en los predios adquiridos y, aunque no ha presentado una propuesta clara de intervención, sostiene que su proyecto conservaría el bien edificado sin alterar el paisaje. Es importante señalar que el proyecto original del Hotel Quito fue impulsado inicialmente por una empresa estadounidense y financiado en su totalidad por las Cajas del Seguro y Pensiones. En consecuencia, sus códigos estéticos se encuentran estrechamente relacionados con la arquitectura del sur de la Florida —donde operaba dicha empresa— y con referentes de la arquitectura brasileña.

A partir de este contexto, surgen varias interrogantes fundamentales: ¿qué tipo de modernidad representan edificios como el Hotel Quito? ¿La ficha de DoCoMoMo busca proteger una arquitectura portadora de códigos y valores locales, o se limita a preservar valores y códigos importados? Y, finalmente, desde una perspectiva global, ¿existe realmente una arquitectura moderna propia en Quito?

Bibliografía:

-Echeverría, B. (2001). Definición de Cultura. México: Fondo de Cultura.
-Frampton, K. (2014). Historia Crítica de la Arquitectura Moderna (Cuarta edición revisada y ampliada ed.). Barcelona: Gustavo Gili.
-Habermas, J. (1997). Arquitectura moderna y posmoderna. En N. Leach, Rethinkg Architecture (págs. 225-235). New York: Routledge.
-Latour, B. (2007). Nunca fuimos modernos. Buenos Aires: Siglo XXI.

Imagenes:

Imagen 1: Hotel Quito
Imagen 2: Conjunto La Tolita
Imagen 3 y 4: Habitat Guápulo



la CIUDAD

Complejo arquitectónico-paisajístico Hotel Quito.
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